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Enfermedad de Alzheimer

Se trata de una enfermedad crónica y degenerativa, definida por la aparición de deterioro cognitivo y  trastornos conductuales. Constituye la causa más frecuente de demencia, en mayores de 65 años.

Su etiología es desconocida, aunque  se le atribuye un cierto componente genético: la mayoría de los pacientes tienen, o han tenido algún familiar afecto por dicha enfermedad. Sin embargo, en tan solo un pequeño porcentaje, se confirma este carácter hereditario, correspondiendo a aquellos casos, en que la enfermedad aparece de forma temprana, es decir, antes de los 60 años. La forma más frecuente no cumple un modelo puramente genético.

En relación a su etiología existen 3 hipótesis

  • Déficit de acetilcolina, sustancia fundamental para la memoria y funciones cognitivas.
  • Acumulación anómala de una proteína en el tejido cerebral llamada  amiloide. Este depósito forma placas, que crecen dando lugar a los ovillos neurofibrilares. El envejecimiento, se asocia a la formación de placas y ovillos, que en el caso de la enfermedad de Alzheimer se encuentran en mayor número, y se depositan en lugares específicos del cerebro, como el lóbulo temporal.
  • Trastornos metabólicos como la hiperglucemia o la resistencia a la insulina.

En cualquier caso, la base de esta enfermedad es la pérdida de neuronas en la corteza cerebral, lo que implica atrofia de las regiones cerebrales afectas.

En relación a la sintomatología, se pueden distinguir 3 fases:

Fase inicial:

  • La deficiencia más notable es la pérdida de la memoria, entendida como la incapacidad para recordar hechos recientemente aprendidos, y para fijar nueva información. La memoria a largo plazo se conserva.
  • Se produce un empobrecimiento del  lenguaje, y disminución de la fluidez verbal.
  • Presentan cierta torpeza para la realización de las tareas motoras finas, debido a la dificultad para la coordinación y planificación.
  • Mantienen su autonomía, necesitando supervisión sólo para las tareas complejas.
  • Puede existir cierta desorientación, con riesgo a perderse.

Segunda fase:

  • Existe un mayor deterioro de la memoria, con afectación de la memoria a largo plazo. Puede no reconocer a personas cercanas.
  • Mayor afectación del lenguaje, debido a la incapacidad para recordar el vocabulario, lo cual da origen a la denominada parafasia, o sustitución de las palabras por otras erróneas. Disminuye la capacidad para leer o escribir.
  • Disminuye la capacidad para coordinar actividades motoras complejas, lo que dificulta la realización de actividades cotidianas, y por tanto, hace necesaria la asistencia en actividades complejas.
  • Pueden aparecer trastornos de conducta, como irritabilidad, labilidad emocional e incluso cierta agresividad.
  • En esta fase puede comenzar con incontinencia urinaria.

Tercera fase:

  • Presenta un lenguaje desorganizado, pudiendo  incluso perderse totalmente.
  • Conserva la capacidad para recibir y enviar señales emocionales.
  • Disminución de la movilidad, de la masa muscula, lo que conlleva frecuentemente, al encamamiento.
  • Incapacidad para alimentarse por sí mismo
  • Requieren una continua supervisión para realizar  tareas sencillas, convirtiéndolos en  totalmente dependientes.
  • Aparece la apatía y ocasionalmente agresividad.

El diagnóstico, se fundamenta  sobre todo en la historia clínica, basada en la exploración física y en la observación, tanto del profesional como de la familia, siendo ésta la principal fuente de información. Para evaluar la enfermedad, es fundamental, la entrevista a los familiares. Los cuidadores pueden aportar información y detalles importantes, sobre las actividades rutinarias, siendo los principales conocedores del deterioro que las capacidades del paciente, han sufrido en el tiempo.

Siempre que nos encontremos ante una historia clínica compatible con enfermedad de Alzheimer, es importante descartar que sea secundario a una causa orgánica tratable. En este sentido toman importancia distintas pruebas complementarias, como las analíticas.

Las pruebas de imagen como el TAC, RNM o PET permiten confirmar el diagnostico de demencia, pero no permiten determinar el tipo de demencia.

La realización de pruebas de memoria y de evaluación intelectual, son fundamentales no sólo en el diagnostico, sino también en la determinación de la fase en la que nos encontramos, lo cual determina el tipo de tratamiento a realizar. La repetición de estas pruebas, cada cierto tiempo, nos permitirá además, ver su evolución y repuesta al tratamiento.

El diagnóstico de confirmación sólo nos lo daría el estudio histológico de la autopsia, por lo que con el fin de facilitar y unificar criterios, se han definido los criterios diagnósticos NINCDS/ADRA para la Enfermedad de