• youtube
  • facebook
  • twitter
  • slideshare
  • rss

Alzheimer: prevención y detección precoz

28.09.2018

El 21 de septiembre se celebró el día mundial del Alzheimer, por ese motivo queríamos dedicar el artículo de este mes a la importancia de la prevención y la detección precoz de esta temida enfermedad.

El envejecimiento de la población global se ha convertido en un dato conocido por todos. También tenemos que saber que cumplir años no es sinónimo de Alzheimer. Es cierto que la edad es un factor de riesgo para la demencia, es decir, a más edad mayor probabilidad de sufrirla, pero no existe una relación causal.

La Enfermedad de Alzheimer (EA) es una enfermedad neurodegenerativa, es una de las muchas causas que puede provocar una demencia. Conlleva la afectación progresiva de las funciones cognitivas como son la memoria, el lenguaje, la atención, orientación, gnosias, praxias y funciones ejecutivas (planificación, resolución de problemas, secuenciación, resolución de un problema, memoria de trabajo, autoregulación de la conducta…). En este sentido, la vida de la persona que sufre esta enfermedad y su entorno (familiar, social, laboral, económico) se ven gravemente afectados. Además, las cifras son alarmantes: cada vez hay más personas que sufren algún tipo de demencia siendo la más frecuente la EA, y los datos que se pronostican no son nada esperanzadores. Por ello, los profesionales que trabajamos en este ámbito, insistimos en la importancia de la prevención y de la detección precoz de esta enfermedad que, en la actualidad, no tiene cura, pero sí existen estrategias farmacológicas y no farmacológicas cuyo objetivo es ralentizar y/o mantener el estado cognitivo, funcional, emocional y conductual del/ de la paciente con el fin último de mejorar su calidad de vida.

Cuando nos referimos a prevención se trata de poner en marcha medidas que nos proteja o disminuya las posibilidades de sufrir una patología cualquiera. En la materia que nos ocupa, cobran especial relevancia las terapias no farmacológicas (TNF). Se refiere a intervenciones no químicas, teóricamente sustentadas, focalizadas y replicables, realizadas sobre el paciente o el cuidador y potencialmente capaces de obtener un beneficio relevante (Muñiz y Olazarán, 2009). Estas terapias también se pueden aplicar a personas que no están diagnosticadas, que no presentan ninguna alteración con el objetivo de fortalecer su cerebro. La eficacia de las TNF se sustentan en conceptos como la neuroplasticidad y la reserva cognitiva, de los que ya hablamos en el artículo anterior. Trabajando en la prevención, si una persona está “destinada” a sufrir la EA, es muy probable que sufra los síntomas en una edad más tardía, que éstos sean menos agresivos e, incluso, que no llegue a manifestarlos.

En cuanto a la detección precoz, quiero resaltar, nuevamente, que envejecer no es sinónimo de Alzheimer o demencia. Pueden pasar varias décadas desde que comienzan las alteraciones en nuestro cerebro hasta que se manifiestan los primeros síntomas, por tanto, no es una patología que comience cuando la persona es mayor. Como señales de alarma se pueden plantear las siguientes:

  • Problemas en la memoria que dificulta el día a día: olvidar información recién aprendida, olvidar fechas o eventos importantes, dar/pedir la misma información o pregunta repetidamente…
  • Desorientación temporal y/o espacial: se olvidan las fechas, estaciones y el paso del tiempo. Pueden no saber dónde están o cómo llegaron allí.
  • Dificultad para planificar y resolver problemas: seguir recetas, llevar las cuentas, no saber qué hacer si surge un problema doméstico…
  • Dificultad para desempeñar tareas habituales en cualquier entorno (en la casa, trabajo, ocio)
  • Dificultades en la percepción y reconocimiento de imágenes y las relaciones entre ellos.
  • Lenguaje: problemas en seguir o participar en una conversación, repeticiones, uso inadecuado de conceptos, dificultad en encontrar la palabra correcta…
  • Colocar objetos fuera de su lugar y no ser capaz de localizarlo.
  • Disminución o falta de juicio o razonamiento: prestar menos atención al aseo personal, gastar dinero innecesaria y descontroladamente…
  • Pérdida de iniciativa para realizar actividades que antes realizaba (trabajo, ocio, relaciones sociales)
  • Cambios en el humor, personalidad: pueden estar confundidas, deprimidas, ansiosas, sospechosas…

Es importante que ante la presencia de alguna de las señales de alarma referidas que interfieran de forma significativa en la vida cotidiana de la persona se acuda a un especialista. La importancia de la detección precoz radica en los beneficios de una intervención temprana. Con la estimulación cognitiva se puede lograr enlentecer el declive de las funciones superiores y reducir la aparición de trastornos en la conducta mejorando la calidad de vida no sólo de la persona que sufre la enfermedad sino también de sus familiares.

En este sentido, Vitalia Zaragoza con su variabilidad de servicios (talleres de estimulación cognitiva, sesiones de neuropsicología, taller de reminiscencias…), puede ayudar a las personas que presentan esta dolorosa enfermedad y a su familia.

Eva Cubero Lama

Neuropsicóloga de Vitalia Zaragoza