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Donde una puerta se cierra otra se abre: Depresión en la tercera edad

18.02.2013

De todas las etapas evolutivas, es la vejez la que más aprehensiones provoca en los seres humanos, ya que comienzan a perderse, de manera progresiva, diferentes capacidades tanto físicas como intelectuales. La tercera edad es por tanto, uno de los grupos de población más expuestos a la depresión, observándose que las personas mayores de sesenta años tienen cuatro veces más posibilidades de sufrir algún trastorno del estado de ánimo. La causa de esto parece deberse a que por lo general este grupo se siente más cercano a la muerte, y ya no se siente tan útil en la familia o en la sociedad.
La depresión es un trastorno mental real que puede responder a muchas causas. La predisposición tanto genética como de la personalidad, las experiencias vitales previas, las pérdidas actuales y anteriores y los fracasos son algunos de los factores que asociados pueden producir depresión o contribuir a ella. Muy a menudo la depresión en la edad avanzada nace de una sensación de incapacidad y desesperanza frente a lo inevitable, las pérdidas reales.
La prevalencia de la depresión en los adultos mayores de 65 años se estima entre el 12 y el 15%, siendo más común en mujeres que en hombres. Pero, ¿por qué unas personas son más vulnerables que otras a la hora de sufrir un trastorno depresivo? Existen una serie de factores de riesgo asociados a la depresión en las personas de la tercera edad. Entre ellos nos encontramos:
· El estado físico: Normalmente al cumplir años nuestro estado físico va empeorando, pudiendo aparecer diversos problemas de salud. La depresión puede deberse a cambios biológicos originados por la propia enfermedad física o por su tratamiento. También puede ser una reacción al estrés producido por la disminución de las capacidades físicas o al dolor.

· Deterioro cognitivo: la disfunción cognoscitiva puede ser otra causa de depresión, siendo bastante frecuente en las primeras fases de demencia, donde la mayoría de los sujetos son conscientes de sus déficits.

· Estereotipos negativos sobre la vejez: todos los estereotipos negativos existentes en nuestra sociedad sobre la vejez en muchas ocasiones conducen a la persona mayor a la pasividad.

· Relaciones interpersonales: A medida que nos hacemos mayores se van reduciendo las relaciones interpersonales observándose una alta correlación entre las dificultades interpersonales y los síntomas depresivos, es decir las personas que tienen menos relaciones sociales tienen mayor probabilidad de sufrir un trastorno depresivo

· Experiencias estresantes: las experiencias estresantes han sido identificadas como variables relacionadas con la depresión. Entre los acontecimientos más comunes y estresantes entre mayores destacan: la enfermedad física, la muerte de seres queridos, los problemas financieros, los conflictos de familia y la necesidad de institucionalización.

 

Ahora bien, ¿qué podemos hacer para prevenir la depresión en la tercera edad? Lo más importante es prepararse para esta nueva etapa, ya que es un periodo en el que aparecen cambios importantes, como pueden ser la jubilación, la pérdida del conyugue o el abandono de la casa donde la persona ha vivido durante muchos años. Una manera de hacerlo es tratar de mantener las relaciones sociales (relaciones con antiguos compañeros de trabajo, vecinos o amigos) para aliviar la sensación de soledad, sobre todo en aquellos casos en los que se ha producido la pérdida del conyugue. Otra buena forma de reducir los síntomas depresivos y la sensación de soledad, es emplear el tiempo en la realización de alguna actividad o hobby; esto hará a la persona los días mucho más amenos y motivantes y le ayudará a mantenerse activa tanto física como mentalmente.

 

Mercedes Castillo
Neuropsicóloga de Vitalia Alcalá de Henares