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Encuentran la huella cerebral de la torpeza

20.02.2013

Descubren que la capacidad o hablidad de aprender, radica en la acitvidad de las ondas alfa, lo cual podría ser un buen comienzo para desarrollar nuevas terapias contra las lesiones cerebrales. 

Un equipo de investigadores alemanes ha descubierto que la habilidad o la incapacidad para aprender radican en los niveles de actividad de las llamadas ondas alfa del cerebro. El hallazgo podría ayudar a desarrollar nuevas terapias para las lesiones cerebrales. Estas ondas son oscilaciones electromagnéticas que surgen de la actividad eléctrica de las células cerebrales y reflejan, entre otras cosas, la eficacia con que el cerebro aprovecha la información sensorial necesaria para el aprendizaje. Una pregunta interesante sería en qué medida la actividad alfa puede ser influida deliberadamente con biofeedback. Los investigadores han sido, por tanto, capaces de excluir la atención como factor de aprendizaje. En este experimento en concreto, lo que hicieron fue estimular una y otra vez el sentido del tacto de los participantes durante 30 minutos, con estimulación eléctrica aplicada a la piel de sus manos. Los científicos explican que, por tanto, un alto nivel de actividad alfa en el cerebro (previo al aprendizaje) denotaría la disposición de este órgano a aprovechar la información que le llega del mundo exterior. Por el contrario, una fuerte disminución de la actividad alfa durante la estimulación sensorial indicaría que el cerebro procesa los estímulos de manera particularmente eficiente. Estos resultados sugieren que el aprendizaje basado en la percepción es altamente dependiente de la accesibilidad de la información sensorial. Y que la actividad de las ondas alfa, como indicador de los cambios constantes en los estados del cerebro, modula esta accesibilidad